24 de febrero de 2014

Ruta Oscar: Cinematografía


Después de cinco nominaciones, Emmanuel Lubezki sigue sin tener un Oscar en su vitrina. Desconozco si este hecho le quita el sueño (lo dudo). Para algunos críticos y seguidores de su trabajo, la Academia ya le debe el premio. Pero ¿de eso se trata el Oscar, de deudas y saldos?





Con su trabajo en “Prisoners”, Roger A. Deakins logra que este drama policiaco se convierta en un verdadero laberinto emocional. La lluvia, golpeada con las luces de las linternas de los policías, nos empapa de la adrenalina de una persecución. Los claroscuros en los rostros, reflejan la dualidad de los personajes mucho mejor de lo que lo hace la misma actuación de Jackman o Gyllenhaal. 

También es la lluvia la que parece cobrar vida y ser un personaje más en “The Grandmaster”, gracias al trabajo de Philippe Le Sourd. Los tonos nos llevan de un humor a otro y en algunos momentos parece que ciertas escenas fueron filmadas en blanco y negro. 

Si la tarea que los hermanos Coen le dieron a Bruno Delbonnel para “Inside Llewyn Davis” fue la de deprimirnos, lo logró. Los tonos pasteles de las escenas nos llevan a la introspección y a la reflexión; de verdad nos adentramos en Llewyn Davis y empezamos a temer que quizá la gran oportunidad no llegará nunca. Hábilmente, Delbonnel nos da ciertos destellos de esperanza, acentos en rojo y naranja que iluminan los pequeños logros de otros. Es esta desgarradora visión de duda y desaliento la que nos hace sentir como un gato abandonado en la carretera. 

El gran acierto de “Nebraska” es el blanco y negro. La ausencia de color nos invita a respirar nostalgia. El pasado de Woody está tan presente que no necesitamos el tecnicolor para sentir su desesperación y su regocijo, sus altos y bajos, su desfachatez y su desvarío. Phedon Papamichael logra magistralmente invocar a los fantasmas del “hubiera” en la escena del cementerio. El sol pega en los rostros de los personajes sin distorsionarlos, permitiendo que los diálogos fluyan con total honestidad. Esto es cinematografía pura. 

Sin embargo, “Gravity” va más allá de la pureza y las nostalgias. Emmanuel Lubezki ha cambiado la manera en la que se hace cine. La grandeza visual de “Gravity” radica en los esfuerzos de efectos especiales, edición y vanguardias tecnológicas, pero nada de esto funcionaría sin el trabajo del director de cinematografía. 

Desde la toma que abre la película, de 12 minutos de duración, “Gravity” nos invita a perdernos en su inmensidad. El juego de luz y sombra es tan sublime que nos reta a no extender el brazo e intentar sujetar a Ryan, a salir del cine sin preguntarnos “¿cómo lo ha hecho?”, a aguantar la respiración; y sobre todo, nos reta a no querer vagar por el espacio, por muy oscuro, por muy silenciosos o por muy digital que sea.

Lubezki no se merece el Oscar porque la Academia tenga una deuda con él. Se lo merece porque se lo merece.


Mi predicción:
Creo que ganará: Emmanuel Lubezki
Se los merece: Emmanuel Lubezki

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