La academia
ha apostado por los extremos en esta categoría y muchos han caído en el hechizo.
El cruel dueño de un esclavo libre, el novato pirata, el embriagante defraudador
y el transexual rockero. Y hay una pequeña joya que pocos han notado y que en
la mayoría de las quinielas ha quedado en el olvido.
Lo que más
aprecio en una actuación es la contención. Admiro a los actores que dicen mucho
con pequeños gestos, con sutileza en sus movimientos. Esto no quiere decir que
las mejores actuaciones deban ser limitadas. La amplitud no tiene que ver con
el exceso de energía.
En “12 years
a slave”, Michale Fassbender interpreta al cruel dueño de un grupo de esclavos.
Su actuación muestra a un hombre capaz de imponer los castigos más perversos y despiadados;
sin embargo, esa es la única dimensión que parece tener. Es cruel porque sí.
Hasta cierto punto parece que el guión no le permite profundizar más en su
personaje, pero hay una ventana abierta para su desarrollo. El deseo de Epps por
Patsey podía haber sido su oportunidad para mostrar lo que realmente esconde en
su interior, la pena que cree que debe cargar; esa era la oportunidad para demostrarnos
su propia esclavitud, y en ello falla.
Otro ejemplo
es Jared Leto. Interpretando a Rayon en “Dallas Buyers Club” cae en la simplicidad
de la imitación, sin aportar nada más que lo que cualquier otro actor hubiera
podido aportar. Me parece que Leto brilla porque todo lo demás en la película
brilla, empezando por la actuación de Matthew McConaughey. Como actor de
reparto logra exactamente lo contrario de lo que debería, y su actuación en
lugar de ser un apoyo, resalta por la genialidad de otros.
Por otro
lado, Jonah
Hill logra ser más sutil en “The Wolf of Wall Street” y no fue tarea fácil, ya
que Donnie Azoff es un personaje para los excesos. Este es el personaje que
permite el regodeo y la exageración, pero Hill consigue transmitir su poder y
su gloria con mayor fineza. No es una actuación digna para un Oscar, pero es
mucho más transparente y convincente que la de Fassbender.
Pero si de
actuaciones transparentes hablamos, la de Barkhad Abdi en “Captain Phillips” se
lleva el premio. Y es que su presencia es tan real que casi casi nos convence
de que está actuando. Dos cosas impiden que Abdi sea considerado el mejor actor
del año: primero, el personaje no requiere más que a Abdi, así como es; y segundo,
el guión lo lleva a extremos que hacen que pierda su naturalidad.
Y si bien un
personaje debe evolucionar a lo largo de la trama, para Barkhad Abdi este viaje
del control total al delirio absurdo no le ayuda a convencernos. Caso contrario
de Bradley Cooper, quien en “American Hustle” brinca de momentos de cordura a
momentos de desesperación, del control a la flaqueza, de la victoria a la
desesperación. Pero la magia está en que su actuación consigue arrastrarnos con
él. Es una colección de breves momentos en la que lo vemos escalar y descender,
escalar y descender, y al final no queda más que sentir su dolor. Y eso es
actuar.
Mi
predicción:
Creo que
ganará: Jared Leto
Se lo
merece: Bradley Cooper
No me
molestaría que ganara: Jonah Hill

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